lunes, 9 de abril de 2012

LA MEJOR CANCION




La mejor canción no existe. Existen millones de notas que nos enlazan de una emoción a la siguiente, miles de acordes capaces de anclarnos a momentos malditos o, a instantes de paraíso inolvidable.

Calor, emociones, agua revuelta, viento desbocado que te transporta mucho más allá de lo que nunca fuiste capaz de imaginar.

Y con los ojos cerrados puedes adentrarte en paisajes imposibles, en sueños indisolubles de los que solo te despiertas cuando la melodía termina.

La mejor canción es la que te envuelve de los pies a la cabeza, como en un trance, y te deja fuera de cualquier otro sentimiento que no sea el de notar como la vida entera, te corre por cada una de las venas del mapa de tu cuerpo.

La mejor canción se compone cada día entre esos brazos, bajo esa luz, a través de ese tiempo, en una soledad o en una sola compañía, la que trae el viento o la que se lleva una lluvia encendida, en cien besos o en una sola mirada.

La mejor canción, nuestra canción, se derrama en la partitura de tus sabanas cada vez que te siento, cada vez que me tocas, cuando te miro, mientras te adentras para buscarme hasta el último gemido que escondí en lo más hondo de todo mi universo.

La mejor canción es un cúmulo de melodías nómadas que se trasladan de tu pecho al mío, en tránsito hacia amaneceres llenos de lunas, en un claro de tu espalda, en la llanura de mis caderas, una criatura maravillosa que aulla los acordes mas profundos.

Y con los brazos extendidos puedo recibir cada nota que viertes desde tu lengua a mi piel, desde tu cuerpo a mis sentidos, cada gota de tu licor prohibido que suena dentro como un canto mientras escucho a tu boca recitar todas las notas que me van envenenando entera con tu dulzura.

La mejor canción la bordamos a cuatro manos la primera vez que fuimos uno solo, dejando estelas de vapor tras los cristales que nos enseñaban tu mar en calma. La última noche en vela, de llamas tenues, de jadeos presos de su propio destino, todas las veces, todas las noches hay una melodía distinta que nos secuestra.

La mejor canción aún no la hemos bailado, nos espera al filo de una madrugada cualquiera ,para seguir sonando como suena el viento huérfano entre las hayas, como le grita el mar a los escollos endemoniados de alguna costa perdida.

La mejor canción de mi vida es la melodía de la tuya, tu mejor canción es el latido de mis notas mientras te miro. Acordes inmortales que tejemos con las miradas encadenadas y los dedos enredados, ajenos al tiempo, desnudos de pasado, presos voluntarios del mismo pentagrama.

Criatura maravillosa que se desliza entre tú y yo mientras cantamos a una sola voz.

2 comentarios:

  1. Gracias Enrique, voy algo liada en éstos días, y aunque tengo muchas cosas escritas, no acabo de darlas por terminadas. Un abrazo.

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