domingo, 29 de abril de 2012

Confidencia




Me lo contó un amigo y me lo creo.

En una conversación, tras unas copas, me relató una confidencia que merece dejar de serlo por lo interesante de la experiencia.

"Recuerdo con simpatía aquella noche de verano con Carla.

La conocí en una de esas intensas reuniones de ventas de la empresa comercial en la que trabajábamos. Hacía tiempo que la buscaba en sueños y ella, según supe después, también a mí.

Señales inequívocas, guiños, afinidades, largas conversaciones sin transcendencia… Todo nos llevó a una habitación de un hotel cerca de la playa una tarde de sábado.

Entramos en la habitación, abrazados y abandonados a la pasión, rebotando, entre besos húmedos y caricias que hacían arder la piel, por las paredes de un corto pasillo hasta llegar a la cama.

Acaricié sus pechos y bebí sus labios. La desnudé mientras escuchaba su excitada respiración y no reparé en que ella hizo lo mismo. En un instante nos encontramos desnudos, piel con piel, en una hoguera que nos hizo fundir en un solo cuerpo que se agitaba acompasadamente.

Yo le decía que la deseaba.

Ella me animaba a seguir. -Más, me susurraba.

Mis palabras aumentaban su excitación y mi imaginación.

-Te voy a meter un polvo tras otro, le advertí en un impulso.

-¿Cuántos?, me preguntó.

-Como mínimo cinco, respondí  con mi corazón a punto de quebrar, casi en el cenit del placer.

-Por el pompis te la ahínco, replicó Carla. Y soltó una carcajada.

Sin más.

Toda la magia y la pasión se rompieron en una brutal sacudida de sinceridad, de humor inoportuno, y nos quedamos fríos súbitamente por una descompensación, supongo, de la presión ambiental y corporal. Quedamos extendidos en una cama tan helada como un témpano polar."

No supe qué decirle a mi amigo. Acabamos la cerveza. Nos despedimos y tras caminar un centenar de metros, comencé a reír sin control.

sábado, 28 de abril de 2012

La palabra sin sonido



Días de ausencia, me tiembla hasta el papel en blanco al querer impregnar mi huella.

Son éstos días los que marcan un antes y un después en todo, en tu vida, en tus relaciones, conoces a tus hijos, a tu pareja, a tus amigos... es donde se juega de verdad quién es quién y qué me das y qué ofrezco.

A pesar de no ser importante, de no tener un carácter de vida o muerte, en pequeños momentos, te llega el miedo a cerrar los ojos y no haber podido decir aquello sin importancia, porque lo sabes a pesar de no haberlo oído... te quiero.

La palabra sin sonido, la que más veces se presupone, la que se dice cuando el alma se eleva y no domina el cerebro, en momentos de éxtasis y que temes hayan escuchado... y sientes entonces, el silencio del pánico entre dos cuerpos enredados en la palabra, te quiero.

Qué miedo!!!. La palabra más temida, la menos pronunciada, la más añorada, la menos oída, la más necesitada, una ya no sabe si es buena o mala palabra, si hay que decirla o sólo pensarla.

Y es que con los años nos volvemos temerosos y exigentes, y no nos vale oírla sin sentirla, y nos da pavor decirla y no saber demostrarla.

En algunos momentos críticos de la vida, cuando ésta se junta con la muerte, nos juramos una y otra vez decir aquello que sientes con más frecuencia, que no sea cuando su alma vuela y su corazón ya no escucha, que recoja los te quiero de todos los que no supimos decirlo a tiempo.

Pero se esfuma...la promesa tiene caducidad, en cuanto el luto desaparece y la piel se endurece, volvemos a tener ese pánico de pronunciar palabras que nos comprometan, que nos hagan sensibles, nos quiten máscaras y abran corazas. Esas palabras, que te inmovilizan durante unos segundos y que la respuesta  te hiela el aliento, y callas.

Me pregunto, cuando decidimos dejar de pronunciar las palabras.

Y ahí va entre demostración y demostración, entre hechos y derechos, entre el día a día, en pequeñas muestras de sentimientos, en grandes proezas de vida, desde ayer al hoy y prometiendo mañana, está en todos los momentos, en diferentes y diversas maneras... pero en silencio.

El silencio de la palabra te quiero. Fácil de escribir, difícil de pronunciar.

martes, 17 de abril de 2012

Desamor






Me preguntaron hoy, si sabría describir el desamor. Sabía que era una pregunta trampa, mi interlocutor no entiende que se puedan plasmar en palabras, y yo le respondo que hasta en imágenes, así que me repite...¿qué es el desamor en una imagen? y busqué, y le enseñé...


Pero me dijo que no, que él veía desesperación y soledad, no desamor.

Yo, le dije que veía desamor, alguien que amando perdió. Es diferente tiene razón, cuando te dejan a cuando tú tomas la decisión, y seguí buscando, una imagen que reflejara desamor de quién estuvo enamorado y un día ve a un extraño...


Nuevamente, me dijo que eso no era desamor, era engaño, mentira, conveniencia...¿cómo lo describirías con palabras? Y pensé, pensé en años atrás y le dije:

Es como una muerte lenta. Un dolor hondo, la conciencia de que está ocurriendo una tragedia en tus emociones más profundas.

El cariño puede seguir prácticamente intacto, pero la magia, la droga que te impulsa a vivir el día a día de ese amor se escapa por un sumidero oscuro, vacío, lacerante...

Cuando te desenamoras se muere la niña que llevas dentro, la mujer infatigable, la esperanza, la ilusión y la fuerza, y solo queda un resquicio de vida que te permite seguir latiendo, pero poco más.

Y le miras, como si fuera la primera vez que le ves, y sientes en tu interior un volcán entero de lava que te destroza, seguido de una marea de hielo que te mata. Y te gustaría estirar la mano para rozarle la mejilla, sentir su beso y el renacer de sentimientos maravillosos, pero el nudo que te atenaza la garganta y el poco orgullo que te queda después de ese luto de amor, te paralizan el gesto, la ternura...

Cuando te desenamoras se te rompe el alma, pero no del todo. Así puedes saborear la amargura de esa muerte y reconocerte a ti misma que la vida se parte en dos cuando no puedes verte en los ojos del otro, cuando su mirada ya no te lanza hasta el cielo.

Y te preguntas donde está ese retazo de cariño, esa caricia o ese abrazo que esperabas y por el que hubiera seguido palpitando cada gota de tu sangre. Y como puede ser que el amor se muera si no le das su agua, su comida y su aire, si solo es un sentimiento...

Y un poco, aunque sea un poco, mueres tú también.

Callado y  serio, intentando que no asomaran las lágrimas de sus ojos, y al rato me dijo, "quizá no existan imágenes, pero has descrito mi vida".

Sólo pude decirle..." lo siento"

Y sin lluvia, vi el reflejo de la primera fotografía en él.


domingo, 15 de abril de 2012

Capitán




Una foto me recuerda que algunos viajes se construyen en el pasado, que puedes dar la vuelta al mundo, pero regresas al puerto donde se esconden tus abrazos.

Hay unas palabras que duermen en el aire que respiro, que se arrullan en rincones cálidos para ser re-descubiertas.

Y secretos escondidos en una caja hecha de jirones de piel acariciada, de besos húmedos, de suspiros robados al alba de tus labios.
Un mar donde tu barco no naufragará jamás, un viaje interminable, un timón de ternura, un ancla que ha perdido el miedo.  

Un lugar mullido donde duermo sueños tan reales como la tinta de mis letras, mis latidos, tus miradas. En él renazco mientras vuelo. 

Ríos de versos corriendo por las venas, que se anudan a tu sentimiento cuando duermes, arropando tu risa serena con abrazos inmensos. 

Y un tiempo robado a un mes de Abril, un día que marqué en el calendario, unas horas perfectas, un número encantado. 

Una rosa blanca enamorada, pintada de emociones, que cabalga en mi piel encendida a lomos de un toro rendido de amor y de deseo. 

Y unas caricias en blanco y negro que te marcan el camino hacia tus batallas dulces contra mi cuerpo, mapa de tus manos, refugio de tu fuego. 

 No voy a contarte donde guardo todos mis secretos, mejor sigue encontrándolos al filo de tu sueño, bajo tu almohada, entre mis besos, en un susurro o navegando en mi mirada de hielo. 

Para ti no hay muros o llaves, ni rincones oscuros, no hay puertas ni ventanas. 

No hay traiciones ni mentiras, ni frontera o marea que resista la caricia de tu calma o la fuerza de tu latido. 

El viento ha hinchado todas las velas, el mar está en calma, y no hay ni una sola lágrima en la arena, ni un invierno malo, ni una mala primavera, y el soldadito marinero hace mucho que creció y aprendió a manejar al mar. 

Te acompaño en el viaje. 

Esta vez el barco es tuyo, capitán.

jueves, 12 de abril de 2012

QUIERO



Hoy paré el tiempo y volví atrás, para recuperar algunos pasajes y traerlos de vuelta.
Vuelvo a ser una niña con coletas, y he vuelto al cole, con mi bata rosa y mi bolsa de desayuno bordada con mis iniciales, letras que puso mi abuela materna con todo su cariño.
Quiero que mi abuelo me espere sentado en la puerta, con aquella sonrisa bajada directamente desde el cielo, y esas lágrimas diarias al vernos, con su mano cálida que nos daba caramelos escondidos en su bolsillo.
Quiero reírme a carcajadas con las ocurrencias de mi hermano pequeño y decirme al oído: a que te hago reir!!!, y dejarme fuera de juego a risotada limpia.
Quiero hacer los deberes en la mesa del salón, mirar embobada los dibujos de la tele, mancharme de nocilla la nariz.
Quiero mirar a través del balcón de mi habitación, y ver a los amigos de siempre, gritando desde la calle que baje a jugar, o cantar hasta hartarse mi madre “sal al balcón, tira un jamón, mira que viene Kinito”!!
Quiero pelearme con mi hermano mayor, porque lo quiero, porque su pelota me dio en la cara, porque le tira del pelo a mi muñeca, porque él quiere escuchar los Beatles y yo ver una serie en la televisión, pero no puedo vivir sin él.
Quiero ir a la playa con mi familia, que no me dejen bañarme hasta que haga la digestión, que mi padre vuelva a enseñarme a nadar, dormirme en el coche al volver a casa.
Quiero soplar las velas de mi pastel el día de mi cumpleaños, mientras me cantan los míos y desenvolver los regalos mientras todos sonríen.
Quiero cantar en la ducha con la cabeza llena de champú y salpicar el suelo de burbujas, y mi hermana pequeña peinándome y haciéndome trenzas.
Quiero volver a la casa de mis abuelos, en el pueblo, y bañarme en el rio hasta las tantas, y comer aquel pan, y “robar” tomates con los amigos, y bailar en la fiesta Mayor.
Quiero jugar con mis juguetes, con mis amigos, disfrazarme de hada o de guerrera, pringarme de pintura y pastelina, hacer un puzle y mirar películas con el exin, hacer castillos entre los cuatro hermanos y competir con las bolas de cristal.
Quiero ayudar a mi madre a preparar la cena de navidad, y encender las velas cuando estemos todos juntos en la mesa y tomar las uvas antes de cenar porque no dio tiempo. Cantar encima de la mesa y recitar poemas y pedir después el aguinaldo.
Quiero esperar a Papa Nóel  y los Reyes Magos,  llorar cuando no me traiga los patines, que mis padres han escondido debajo de mi cama para el final, abrir todos los regalos a las cinco de la mañana y volver a dormir después, para al despertar recorrer las casas de mis abuelos y tíos y llevar y recoger nuevos regalos…
Quiero volver a escribir una redacción sobre las vacaciones, recorrer con el tranvía desde mi casa al centro para ver como “balla l´ou”, ver un domingo de sardanas y castellers y tomarme un vermouth con aceitunas y patatas fritas en Masnou.
Quiero despertarme con el olor a café que mi madre hacia todos los fines de semana, y las tostadas con aceite y azúcar, revivir por un instante aquellos momentos...
Quiero volver a tener por unos instantes, las fiestas de San Juan en la calle, los festivales de cine de la calle, los guateques con los amigos, las excursiones y los domingos de playa sin padres.

Quiero seguir siendo inocente, ingenua, alegre, espontánea, no conocer el miedo a perder, el vértigo que provoca el dolor, no saber tantas cosas, no haber vivido la traición, tener el alma sin cicatrices y sentirme como si todo empezara de nuevo.

Quiero volver a ser feliz, recuperar una parte del pasado y empezar desde ahí, un nuevo futuro en el que las luces negras, se transforman en blancas, reconocer el sabor del primer beso, y guardarlo en el bolsillo hasta el último aliento, mirarme en sus ojos y reconocer a la niña de 16, andar un sendero que nos lleve en paralelo y contarle, a quién quiera escucharlo, que conseguimos regresar para volver a empezar.

lunes, 9 de abril de 2012

LA MEJOR CANCION




La mejor canción no existe. Existen millones de notas que nos enlazan de una emoción a la siguiente, miles de acordes capaces de anclarnos a momentos malditos o, a instantes de paraíso inolvidable.

Calor, emociones, agua revuelta, viento desbocado que te transporta mucho más allá de lo que nunca fuiste capaz de imaginar.

Y con los ojos cerrados puedes adentrarte en paisajes imposibles, en sueños indisolubles de los que solo te despiertas cuando la melodía termina.

La mejor canción es la que te envuelve de los pies a la cabeza, como en un trance, y te deja fuera de cualquier otro sentimiento que no sea el de notar como la vida entera, te corre por cada una de las venas del mapa de tu cuerpo.

La mejor canción se compone cada día entre esos brazos, bajo esa luz, a través de ese tiempo, en una soledad o en una sola compañía, la que trae el viento o la que se lleva una lluvia encendida, en cien besos o en una sola mirada.

La mejor canción, nuestra canción, se derrama en la partitura de tus sabanas cada vez que te siento, cada vez que me tocas, cuando te miro, mientras te adentras para buscarme hasta el último gemido que escondí en lo más hondo de todo mi universo.

La mejor canción es un cúmulo de melodías nómadas que se trasladan de tu pecho al mío, en tránsito hacia amaneceres llenos de lunas, en un claro de tu espalda, en la llanura de mis caderas, una criatura maravillosa que aulla los acordes mas profundos.

Y con los brazos extendidos puedo recibir cada nota que viertes desde tu lengua a mi piel, desde tu cuerpo a mis sentidos, cada gota de tu licor prohibido que suena dentro como un canto mientras escucho a tu boca recitar todas las notas que me van envenenando entera con tu dulzura.

La mejor canción la bordamos a cuatro manos la primera vez que fuimos uno solo, dejando estelas de vapor tras los cristales que nos enseñaban tu mar en calma. La última noche en vela, de llamas tenues, de jadeos presos de su propio destino, todas las veces, todas las noches hay una melodía distinta que nos secuestra.

La mejor canción aún no la hemos bailado, nos espera al filo de una madrugada cualquiera ,para seguir sonando como suena el viento huérfano entre las hayas, como le grita el mar a los escollos endemoniados de alguna costa perdida.

La mejor canción de mi vida es la melodía de la tuya, tu mejor canción es el latido de mis notas mientras te miro. Acordes inmortales que tejemos con las miradas encadenadas y los dedos enredados, ajenos al tiempo, desnudos de pasado, presos voluntarios del mismo pentagrama.

Criatura maravillosa que se desliza entre tú y yo mientras cantamos a una sola voz.

martes, 3 de abril de 2012

Macedonia de sentimientos.



Nos empeñamos en medirlo y controlarlo todo, para pasarnos luego la vida quejándonos de que nada es como imaginábamos, como debería, como parece… y en realidad es muy posible que seamos nosotros mismos los que hayamos alterado el estado natural y la esencia de nuestras propias emociones.  

Y, cómo no, también se sienten muchas cosas… y pensando en este tema se me ocurre que el amor nos lleva a todos siempre de cabeza, que por otra parte no es raro, ya que es el lugar donde se gesta, se reconoce, se imagina, se recuerda o se añora, es en la cabeza o, mejor dicho, en el cerebro, ese tirano que lo maneja todo, y no en el corazón que es un pobre músculo que se acaba cargando todas las broncas al respecto ,cuando no tiene capacidad nada más que para latir y bombear sangre como un loco. 

Retomando, que se me va la pinza, el amor nos lleva de cabeza (o de culo, pero ese ya sería otro matiz…) como si viviéramos una interminable maratón y/o batalla de emociones continuas con él, sin él, por él o contra él.


No es de extrañar, hay palabras que nos siguen desde el nacimiento... amor, vida, muerte, y la primera se lleva la palma, está entre las otras dos, se conjuga con ellas,  una vida de amor, o morir de amor.

Todo se relaciona con el amor, hay otros sentimientos, pero no parecen ser tan importantes, son palabras de segunda categoría, apego, cariño, amistad, felicidad, tristeza, nostalgia, rabia...si no has sentido amor, eres una persona incompleta.

Y hasta hace poco, yo pensaba que todos estaban equivocados, que sentimiento es sentimiento, y que todos y cada uno de ellos, tienen la importancia que nosotros le demos y no hay que sentirlos todos, porque son por sí mismos, indiscutibles sensaciones de lo mismo, cerebral y educación.

Desde niños empieza el reto... ¿ a quién quieres más?, y tienes que decidir!!!, y te quedarías con el osito de peluche que te acompaña cada noche, pero a ese no te lo ponen como elección; y te obligan a besar a quién no conoces, cuando un beso debería ser parte de algunos de los sentimientos, y le quitamos la importancia que tiene, convirtiéndolo en saludo amable.

Eso nos confunde, y nos cruzamos con la deslealtad, la confusión de amistad con cariño y la del cariño con la del amor, la de la nostalgia con tristeza y la del enfado con la rabia, somos un cúmulo de errores sentimentales.

Pero no... cuando llega de verdad el amor, cuando lo reconoces, se te van al traste todas las teorías sobre él, y haces cada una de las freses ridículas que leíste en novelas rosas y cuentos de princesas, y escribes una y otra vez su nombre en la arena de una playa, y te vistes pensando en él, y te sonríes al recibir un mensaje o ver su imagen en papel. Piensas en lo que podrá ser y en no salir del sueño que vives, que no regrese la realidad dura y costosa del día a día, que no se tuerza con el tiempo y la convivencia, que sepas conjugar cada afición individualmente y que no se avergüence de compartirte con el resto, ese orgullo que siento yo de tenerle a mi lado, que sea unilateral.

Y a veces, como en mi caso, tarda en llegar, se queda flotando durante años en el limbo, a la espera de que su oportunidad llegara, cuando pensabas que ya habías vivido todos los  que tenías que experimentar, te llega el Dios de los sentimientos, a decirte que  empieces a situar cada uno de ellos en su lugar y le des a él , el sitio que le corresponde, el premium, el podium de honor, y te vuelves del revés. Y hasta luchas contra él. Porque no te lo esperabas y pensaste que no era importante, y que se podía vivir sin él. 

Y se puede, pero la vida no es tan bonita, y la muerte, no te angustiaba tanto ,sin el amor.

Macedonia de sentimientos, que ya no quieres dejar de sentir, y que solo deseas, tener el tiempo suficiente para disfrutar del nuevo que entró.

domingo, 1 de abril de 2012

Música





La música que nos acompaña, las voces que día a día nos hacen sentir, esas canciones que relatan una parte de nuestra vida, de nuestros sueños, de amores o desamores, identificándonos en cada nota y soñando tener la melodía en nuestra garganta.


A veces me gustaría tomarme un café con Sabina, con ese Juaco que tantas veces me ha inspirado sentimientos desgarradores, verdades como puños de camionero, risas y llantos.Que me ha devuelto muchas veces a la realidad, cantándome a la cara la realidad de la calle. Diciéndome con su cazallera voz, que las horas del amor hay que vivirlas una a una y seguir cuando se acabe. Que la mujer es una princesa y una bruja y que el hombre es golfo y pendenciero, ese que nos gusta, pero que hay siempre uno que daría el último aliento por pasar 19 días y 500 noches contigo. Vida.

Otras, le pondría a Orozco una cerveza bien fría, y le diría mirándole a esos ojos que me dejaría la piel por sacarlo del infierno si cayera allí mientras compone canciones negras de amor, de esas que te dejan sin aire. Oír mientras haces el amor, Pedacitos de ti, el Aire en las Espaldas, o Es mi Momento, todas y cada una de ellas, creadas para cerrar los ojos y soñar con el amor que soñamos de niñas. Ilusión



O me iría de cena con los Estopa para hartarme a reír o de llorar, con esas caricias que le dejan caer a su guitarra, esa barba de dos días de chulo de barrio, y esa ternura que desborda cuando canta bajito. Un Rincón de mi Mundo, Alma Animal, o La raja de tu Falda, o el Run Run , con Rosario Flores.. La sonrisa de una inocencia pícara, la de los hermanos. Ternura.

Hay veces que me desgarraría la garganta siguiendo a Lucie Silvas sobre su piano, bordando el Nothing Else Matters, una lágrima tras otra, un grito tras otro, confirmando que, en realidad, nada más importa, y me abrazaría a la Niña Pastori , para que me cante el Cuando Nadie me Ve, como solo ella puede cantarlo, con la calidez de quien tiene otra vida dentro que arde mucho más que la de afuera. Pasión

Estar vivos, amar, tener ilusiones, estrenar cada nuevo día como si no hubiera un mañana, cantar con Bublé mientras me ducho, o tomar café en la cocina con Sinatra destrozando el New York a voz en cuello, ser una Rapsodia Bohemia mientras paso la aspiradora pensando en Freddy. Fuerza.



Y cada uno tiene su cantante, su canción, su música y sus temas, pero todos, sin excepción, sentimos lo mismo al oírlos, Vida, Ilusión, Ternura, Pasión y Fuerza, y mientras suena la melodía, viajamos fuera de nuestro cuerpo y vivimos la historia que nos están cantando.