Hoy al regreso del trabajo, no miré el tren al que
me subí, y la consecuencia imposible
llegar a mi destino; Me maldije durante unos minutos, después de ver pasar mi
estación de largo, y bajé en la siguiente, sin pensar si iba a coger un tren de
regreso o cualquier otro transporte que me llevara a casa.
La estación estaba
delante de un parque, y mi agotamiento mental me indujo a tomar cinco minutos
de tiempo, replantearme la situación y decidir el camino más adecuado, todo
ello, mientras saboreaba un cigarrillo mentolado.
Me senté en el banco que
estaba desocupado, delante de otro que disfrutaban una pareja de ancianos,
instintivamente observé.
Ella era delgada, con un
especial brillo en los ojos, vestida con elegancia para una señora de pelo cano,
perfectamente peinado y limpio, y debajo de las arrugas se adivinaba esa
belleza que tuvo y retuvo de juventud.
El tenía una mirada
perdida, inocente, transparente, llevaba sombrero y bufanda abierta, sus manos
se apoyaban en un bastón, los años también se portaron bien con él y se
adivinaba un joven muy apuesto.
La anciana le miró,
estaban conversando supongo sobre el tiempo y la hora, y ella en un momento,
con ese cariño que adivinas a través de sus movimientos, se acercó más a él, y
empezó a anudarle la bufanda, le dio una vuelta y enlazó a forma de corbata,
alisándole las puntas al finalizar; El le agradeció el gesto poniendo su mano
encima de la de ella, y ella acercó sus labios al rostro y le besó.
Mientras admiraba la
escena, me invadió un sentimiento de envidia, yo no tendré la suerte de disfrutar a esa edad de la compañía de alguien
a quién demostrar admiración, respeto y cariño, pronto cambié ese sentimiento a
ternura y se me cristalizaron los ojos con lágrimas que amenazaban con caer.
En ese momento, la
anciana envió su mirada a mi banco, y me sonrió e instintivamente, me levanté y
me dirigí a ellos, dándoles la enhorabuena por demostrar que el amor dura a
veces a pesar de los momentos difíciles que todos pasamos en nuestra vida.
Ella me sonrió, y me hizo
una confesión que me dejó pensativa para el resto del día.
“Somos pareja de segundas,
bonita, nos conocimos hace 8 años en la residencia de ancianos, ambos veníamos
de matrimonios largos y llenos como dices tú, de momentos muy difíciles, hasta
enviudar; Pero la vida nos recompensó con encontrarnos y volver a creer en el
amor, en ese cariño que no puedes dar cuando tus hijos son pequeños, el trabajo
es de sol a sol y las comodidades escasean.
Nos casamos 6 meses después
de conocernos y hasta hoy tenemos el mundo entero para nosotros, sin tener que
pensar en los demás, sólo yo para él y él para mí, nuestros hijos creyeron que
era una locura, hasta nos recriminaron nuestra edad y se atrevieron a tratar el
teman del sexo; Pero ahora se alegran por no tener que pasar más tiempo con
nosotros, y Tomás y yo, compartimos nuestra soledad y la transformamos en
cariño”.
Cinco minutos más tarde,
había decidido ir andando hasta casa, con el recuerdo de la anciana, anudándole
la bufanda, y mientras daba ese largo paseo, no pude reprimir las lágrimas.
Las segundas oportunidades en el amor adulto es siempre comparable al de la adolescencia
ResponderEliminarCuando dos personas se encuentran sin tener que asumir responsabilidades familiares, economicas y sociales, vuelven a abrir su corazon con la misma limpieza.
Todos deberiamos darnos las oportunidades que fueran necesarias para vivirlo las veces que ocurra e independientemente de la edad que se tenga.
El hombres esta creado para vivir en compañia.
Cada dia me gustas mas
Uhmmm, supongo que al decir el hombre, te refieres al ser humano, ¿ o la mujer está creada para otra cosa?.
ResponderEliminarAnteponer las responsabilidades familiares al amor... no voy a entrar en el tema, cada cúal tiene el suyo y yo respeto todos, otra cosa es mi opinión personal que desde luego no se asemeja en nada.
No entiendo tu última frase, debo tomarlo por que te gusta como escribo, ¿no?